Veamos que trae el tiempo …

Érase una vez un campesino que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día el hijo le dijo:

– Padre, ¡qué desgracia! Se nos ha ido el caballo.
– ¿Por qué lo llamas desgracia? – respondió el padre -, veremos lo que trae el tiempo…

A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.

– ¡Padre, qué suerte! – exclamó esta vez el muchacho -, nuestro caballo ha traído otro caballo.
– ¿Por qué lo llamas suerte? – repuso el padre -, veamos qué nos trae el tiempo…

En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se rompió una pierna.

– Padre, ¡qué desgracia! – exclamó ahora el muchacho – ¡Me he roto la pierna!

Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:
– ¿Por qué le llamas desgracia? Veamos que trae el tiempo …

El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que se quejaba en su cama.

Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Fueron a por el hijo, pero al verlo con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno. La vida da tantas vueltas, y es tan paradójico su desarrollo, que lo malo se hace bueno, y lo bueno, malo.


… ¡Que suerte!… ¡que desgracia!…, siempre a merced de lo que aparezca… “Bueno”, “malo”, palabras que mañana pueden cambiar su significado, las dos caras de una misma moneda…

No etiquetar las experiencias, sólo vivirlas, ahora.Y si en mi camino aparecen limones, me hago una limonada …